En Buenos Aires estamos cansados de no ver el sol. Amaga, sí, y enseguida desaparece. Son semanas interminables de cielo gris, viento, llovizna y una capa de nubes que tapiza el cielo y apaga cada color. Es un tedio que se repite en cada conversación, desde el ascensor hasta el colectivo, del club a la oficina. Vivimos resignados al olor a humedad de la ropa, que se lava porque no hay dónde esconder todo lo que ya se usó, y al desánimo de otro día como el anterior.
Los expertos hablan del ‘Super niño’, un fenómeno que afecta a la atmósfera y trae más humedad a esta parte del mundo en esta época del año. Mientras Europa vive su drama, con ríos que apenas traen agua, en esta región ya se pronostican más lluvias e inundaciones para los próximos meses, que ya llegaron a los escritorios de los consultores económicos, por el impacto que puede tener en diferentes actividades, desde el campo a la minería.
Más allá de las nubes, hay una historia de calor que sigue. Mientras extrañamos al sol, los registros globales quebraron esta semana la marca de mayor temperatura desde que se tienen registros, casi 1° más que el promedio 1991-2020. ¿Los máximos anteriores? 2023 y 2024. Paciencia. En un mes empieza la primavera.
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