El médico cardiólogo Daniel López Rosetti sostuvo que la gestión del bienestar personal no depende de una competencia externa, sino de una transformación interna basada en la percepción.
En diálogo con LA NACION, el especialista enfatizó: “No hay que ser mejor que otros, sino mejor que ayer; la competencia es con uno mismo” y advirtió que los individuos deben aprender a filtrar los estímulos cotidianos para reducir la carga de estrés que, de manera silenciosa, impacta en la salud física.
Según López Rosetti, el estrés crónico genera lo que denomina una “inflamación de bajo grado” en el cuerpo, una condición que equipara a un chichón distribuido internamente. Este estado proinflamatorio, que popularmente se asocia con el concepto de “hacerse mala sangre”, puede mitigarse si el paciente adopta una visión estoica frente a las frustraciones diarias.
“El día es una tanza de pesca con muchos anzuelos. El estresado se especializa en tragárselos; el que maneja el estrés evita los anzuelos”, explicó.
Para el profesional, la medicina no debe limitarse a la administración de fármacos, sino incorporar herramientas filosóficas para abordar la realidad: “Lo que te estresa hoy, probablemente, no debiera estresarte. Y el abordaje de esa realidad para que no te estrese, seguramente, tiene más que ver con la filosofía de vida que con un ansiolítico”.
Asimismo, el doctor destaca el ejercicio físico como una herramienta clínica de primer orden, tanto las actividades aeróbicas, como la caminata rápida o el trote, como los ejercicios de musculación, resultan esenciales para tratar el desánimo y la depresión.
Respecto a la dosificación necesaria para obtener resultados terapéuticos, indicó que la Organización Mundial de la Salud recomienda alcanzar 150 minutos semanales de actividad aeróbica, equivalente a caminar treinta minutos durante cinco jornadas a la semana. En casos de depresión diagnosticada, los efectos positivos suelen consolidarse tras un proceso de adaptación biológica que oscila entre las cuatro y las ocho semanas.
No obstante, ante cuadros de tristeza o frustración pasajera vinculados a la emocionalidad vivencial, la respuesta al movimiento es significativamente más veloz. En estos escenarios, el facultativo enfatiza que “el movimiento es un medicamento” capaz de revertir el estado de decaimiento en escasos días.
El médico, que continúa ejerciendo en la salud pública, subrayó la importancia de la docencia y el contacto directo con los pacientes como una vía para renovar su vocación, rescatando siempre la idea de que, en la medicina, el enfoque debe estar centrado en el enfermo y no solamente en la enfermedad.
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